domingo, febrero 21, 2010

... en los ojos tenía escondidas dos cabezas de pescados verdes




Y bueno, ayer fui otra vez al teatro. Esta vez al Bellas Artes a ver ... en los ojos tenía escondidas dos cabezas de pescados verdes, del director salvadoreño Fernando Umaña. Aunque hay mucho para comentar voy a tratar de ser tan breve como me sea posible.

Desde el momento de llegada se intuye una obra íntima, muy íntima. Tan íntima que las pocas sillas destinadas al público se encuentran dispuestas sobre el escenario rodeándolo. Y allí un comedor y una cocina; el decorado, a cargo del artista Moisés Barrios, es una obra de arte que queda atrapada dentro de otra (la obra de teatro). Lo más evidente quizás sea el techo en forma de cruz. Hay que mencionar algo que tal vez sea normal en otras partes, pero acá no. Toda la utilería funciona o aparenta hacerlo, desde el lavaplatos hasta el horno. Es solo un detalle de los muchos de la obra, pero le agrega un realismo verdaderamente fantástico.

Hace unos años visitaba pueblos del altiplano; las pinturas y murales de las iglesias de Nebaj o Rabinal me hicieron pensar en como se recuperarían después de las masacres en los pueblos pequeños, en lugares donde todos se conocen. Recuerdo ir caminando, observando la cara de todos los que pasaban a mi lado, pensando que alguno de ellos pudo haberse transformado en asesino durante el conflicto armado y después volver a ser, así sin despeinarse, simplemente en otro poblador mas. ¿Y que pensarían los sobrevivientes o familiares de las víctimas cuando lo veían caminar? ¿Cómo manejaban los sentimientos de justicia o venganza? Todo eso pensaba y seguramente en alguna parte, todo eso pasaba.

Después de la guerra quedaron muchas cosas por contar y por hablar. Obras como ésta o "Las mujeres de Troya" son necesarias para una sociedad que no habla y que calla, para que hable por nosotros. Lastimosamente, los que vamos a verlas casi siempre somos los que no vivimos lo mas duro de esos años. Pero de la obra casi no estoy diciendo nada y ésto se va alargando, así que volvamos a ...en los ojos...

Como decía, la obra se desarrolla en el interior de una casa que puede ser la de cualquier familia que tenga un desaparecido. Los sentimientos hacia la ausencia forzada provocan tantas actitudes como personajes. El olvido, el pretender que nada pasó, el deseo de justicia. Todos los actores se merecen una ovación inmensa por la entrega y el carácter que le imprimen a su papel. Especialmente Magdalena Morales, que interpreta a la madre de Estela, su hija desaparecida. Me imagino que ésta será una obra difícil de presenciar cuando en la propia familia se tiene que lidiar con una situación similar. Pero supongo que así se consigue superar traumas tan grandes como los que deja la guerra. Y para los que no la vivimos en su máxima crueldad, para humanizarnos más y solidarizarnos con los que si lo hicieron.

Teatro Bellas Artes 15 Calle y Avenida Elena zona 1. Viernes y sábados (19 hrs.) y domingos (17 hrs.) de febrero.

Foto: Mural de la iglesia de Rabinal.







2 comentarios:

condottiero dijo...

No se nada de desaparecidos en mi familia; lo que conozco de cualquier guerra civil en este país u en otro ha llegado a mis manos en forma de novelas de ficción o títulos académicos sobre el tema.

La guerra es monstruosa y sólo monstruos son capaces de hacerla. Gracias por el review que hacés, iré a verla este fin de semana.

Calixto dijo...

Comparto la idea de lo monstruoso de las guerras. Nunca han servido para nada bueno.
Gracias por pasar por acá @condottiero