lunes, noviembre 23, 2009

Posibilidad


Existen tantas formas de abordar la conducción del automóvil como conductores en la vía. Para muchos, quizás los únicos momentos de la vida citadina en que experimentan la absoluta soledad de la existencia. Incapaces de soportar el vacío, los más, recorren ésas otras venas abiertas -las de la City- con la falsa sensación de compañía que brinda la radio.
Cierto o no, ésta era una idea que Marcos creía como cierta, concebida después de quedarse sin radio tras dos robos consecutivos hace tres años. Claro, a Marcos le hubiera encantado que esos momentos de profunda contemplación en la Avenida Elena o la meditación urbana vivida a su paso por Liberación le brindaran pensamientos más profundos y menos confusos.
Ideas como “Mi vida está necesitada de una bomba atómica”, aunque muy originales, lo dejaban más confundido que orgulloso, y vagamente podía intuir a que se refería realmente eso que su subconsciente vomitaba. Una mujer era lo que necesitaba en realidad, eso lo sabía de sobra bien. Encontrar a una mujer que lo necesitara a él fue siempre el problema esencial y permanente.
Los cigarrillos se le habían casi acabado, como de costumbre a la hora más impertinente. Tomó las llaves de la mesita, la cajetilla moribunda, el celular y salió a circular rumbo a la gasolinera. En la ruta siguió sus ejercicios mentales buscando combinaciones de palabras relacionadas ésta vez al estoicismo. “Soportar el embiste de las olas abrirá la caja de Pandora pero los huracanes te premiarán con sabiduría y fortaleza sin igual”. ¿Qué quiso decir realmente con estas palabras? Como siempre quedaba una idea poco clara y un sabor a incertidumbre que lo irritaba.

Al llegar un Peugeot blanco estacionaba, un poco mal, pero estacionaba. Marquitos bajó apresurado. Con la intención de llegar al cajero antes que -lo que fuera que condujera- el auto blanco, apresuró el paso. De reojo vio a la conductora que bajaba, igualmente apurada. Pudo notar las largas piernas y el short bastante short. Una caballerosidad repentina lo invadió y terminó apresurándose a abrir la puerta y esperar a la mademoiselle que venía detrás de él. Muy a pesar de sus instintos iniciales, una vez en la fila volvió a sus cavilaciones con la vista perdida en el reflejo del vidrio detrás de las revistas. Cuando la mujer dio la vuelta después de pagar se pegaron mutuamente con una mirada de reojo que perturbó a Marcos y a sus cavilaciones.
El momento pasó en un segundo que quedó grabado con fuego perdurable.
¡Qué mierda! pensó. Si algo le gustaba menos que el sentirse ignorado por una mujer era sentir que lo percibían como un depravado que volteaba a ver a las mujeres con vulgaridad. “Ahora no podré volver la vista y mis deseos se pudrirán en la ignominia de la eternidad” rezongó; pero al menos tuvo otra frase para analizar camino a casa.

La monotonía de una vida poco trascendente, monótona y aburrida, absolutamente impropia de un personaje de cualquier escrito, literario o no, nos obliga a trasladarnos dos semanas adelante en el tiempo. Para saciar un poco la curiosidad de lectores amantes de los detalles, diremos que Marcos es dibujante de arquitectura y en éstas dos semanas sus mayores logros fueron recibir una felicitación por parte de su jefa por una elevación bien lograda, llegar a la fecha límite de pago de su tarjeta con suficiente billete y llevar a su hermana al cine en el momento justo para hacerla sentir amada por alguien.

Pero volvemos al fin de semana en cuestión, justo 15 días después del trance con la mujer del Peugeot. Marcos sabía que las probabilidades de encontrarla a la misma hora eran imposibles. Resolvió hacerlo todo de nuevo como la noche anterior, sin la estúpida esperanza de encontrarla una vez más pero con la mente recordándole los increíbles pasajes que sucedían en una sola noche en “Nada en el domingo” o las casi 800 páginas que cubrían unas pocas horas en el “Ulises”. Sin amigos con quienes cumplir, sin mujer a quien satisfacer, Marcos se dirigió a la gasolinera dispuesto a cumplir el designio que se presentaba en su tiempo y lugar. Compró los cigarrillos, también un café intomable, y se sentó a esperar media hora. Los ojos se repitieron en su cabeza, el café en su boca, y las ideas de encontrar a una extraña en sus ojos, en su vida y en sus pensamientos. Imaginándola como la mujer por siempre esperada, la compañera sin pretensiones, la entrañable amiga que le necesitaba.

Terminó el café y puso fin a las cavilaciones. Mas tarde ésa noche se fumó los cigarrillos, si no la vida, y esperó a que los sueños le condujeran de nuevo a la monotonía de una vida urbana más común que corriente.

3 comentarios:

Issa dijo...

Wow vos que increible tu forma de narrar los hechos (o de inventar) me encanto tu imaginación, la narrativa y el sentimiento....

Saludos!

Calixto dijo...

Gracias otra vez Issa. A mí casi nunca me gusta lo que escribo, la verdad me parece pésimo. Me gusta una horas nada más, pero al día siguiente lo odio casi todo. Pero gracias, sé que tu comentario es honesto.
Un abrazo chula.

laotrasoyyo dijo...

A mi me gusta mucho como escribís y lo digo honestamente