Me hizo gracia una viñeta que decía "la vida tiene que ser más que ir a trabajar cinco días a la semana y los sábados ir al super".
Y si, concuerdo pero también es un poco lo de cada mes.
Hoy, por enfermedad de C y mi entusiasta disposición a hacer las compras me fui - después del trabajo y un almuerzo con mis padres a hacer las compras del mes.
Un paréntesis sin sentido pero con sentido sentido: llevaba meses pensando en comer unos mejillones de lata acompañados con una cerveza con mi papá. Veía que el lo hacía con el suyo y ahora es un pequeño deleite para mi.
Pues en fin de mes, con el carrito lleno escogí una de las filas que aposté sería la que más rápido caminaría.
Me tomó al menos un minuto darme cuenta de quien estaba enfrente. Entre el calor y el hastío es fácil abstraerse. Una pareja de treinteañeros, comprando vino barato y queso ricotta demostraban la separación qué acompaña la cotidiana y aburrida monotonía. Él sin despegar la vista y las manos del celular, ella intentando distraer con la mirada la aburrida espera.
Diez segundos me bastaron para reconocer en ella una belleza poco frecuente. Muy alta, pelo lacio avellanado, estilizados gestos y ojos verdes. Todo diferente a las habituales parroquianas.
Un súbita atracción por ella me invadió; tuve que hacer lo único que la vida me enseñó que era lo prudente: hacerme el loco. Para ser más específico hacer como que miraba los anaqueles o que tenía un profundo interés en los chocolates del anaquel contiguo a la caja registradora. Así pasaron largos cinco minutos en los que su sola presencia fue una excitante emoción. Se veía muy sola a pesar de estar acompañada de un tipo con tirantes bastante poca cosa para ella.
En un momento, que para mí fue de eternos dos segundos, volteó hacia mi viéndome directo a los ojos. Clavé la mirada esbozando mi mejor sonrisa pero sin desviar la mirada. Me parece que si dos desconocidos mantienen la mirada a los ojos se establece una complicidad. Y ahí estábamos, cómplices en el tiempo reducido. Ella entonces me devolvió una sonrisa qué incluía ojos, o sea, de la buenas sonrisas.
De todo pasó por mi cerebro y la verdad me atonté. Ya no volvimos a establecer nada, ellos solo pagaron y se fueron, yo solo pagué y me fuí. La cuestión es: hay años de la vida en los que cada día es una emoción, hay años de la vida en que una sonrisa es la emoción del mes. No hay deseos, no hay traiciones, solo el sentir una conexión volátil y efímera hace que la vida tenga esas pequeñas emociones inesperadas qué te recuerdan que el caos es para todos, las moléculas van y vienen y hay historias que quedan por siempre inconclusas. Salud.